lunes, 30 de junio de 2014

Economia

Economía
     Los habitantes de esta población, por tradición, se han dedicado a la siembra de maíz y trigo. Sin embargo, de unos años a la fecha, el agro ha visto crecer sobre sus charandas, suaves y comunales tierras, cultivos como la papa, el brócoli y, sobre todo, el aguacate. Esto lo han sufrido los montes y los bosques. El Cerro Grande –para todo mundo el Cerro de Patamban--, la segunda montaña más alta del Estado, no ha escapado a la ambición de talamontes y aguacateros. Vivas están en nuestros recuerdos, aquellas recuas de bestias cargadas con la madera, que era  transportada de manera furtiva, por aquellos caminos reales y callejones pedregosos. Como presentes están aquellos rostros que sin reclamo, ni gesto delator, ni palabra alguna, sin ver hacia punto señalado, sentían la pérdida de su mercancía, cuando eran detenidos por los piquetes de soldados.
     Pero, quienes requieren de un trabajo seguro, tienen que buscarlo en Jacona, Tangancícuaro o Zamora. La migración tampoco es desconocida para los vecinos. Por fortuna, no se ha dado en los mismos niveles con se resiente en los pueblos vecinos y el Estado, en general. Es notoria, además, la hermosa costumbre casera que tiene esta gente: no hay vivienda sin jardín ni patio; y sobre estos, son visibles árboles frutales: manzana, pera, ciruela y aguacate. Seguramente para su propio consumo, aunque si les sobra, probablemente lo cambian, cualquier jueves.
     De tiempo acá, los tahoneros locales, que elaboran ricos panes, tienen que salir a ofrecer sus productos en las poblaciones vecinas. Lo hacen calle por calle, casa por casa. Como lo han hecho, desde hace muchos años, los alfareros.
     Trabajamos diario
     Artesanos que heredan el oficio de su padres, como cuenta doña Jovita Gil, una mujer que, desde los 8 años, practica y vive de la alfarería. “Mi papá fue Dolores Gil –dice, de entrada, la mujer, sin levantar la vista, y sin quitar de la pieza de barro, sin coser, que ha empezado a decorar, auxiliada por un pincel muy especial: un trocito de madera, de no más de 8 centímetros de largo, más delgado que un lápiz, en uno de cuyos extremos se adivina algo parecido a un breve pedacito de alambre, en vez de cerdas--. Yo no sé por qué la gente dice que no hay trabajo. Y andan, por ái, los muchachos, nomás de vagos en la calle. Yo les digo: todo más tenemos: “quieren traer dinero y no quieren trabajo. ¡No!, nosotros, todo el tiempo trabajamos.
     “Nosotras no fuimos a la escuela. Entonces no había tanta escuela como hay ahora. Por eso no fuimos a la escuela –indica la anciana mujer. Pero aquí, todas trabajamos. Mis sobrinas, Rosa y Guadalupe, que es enfermera, pero cuando viene, si no hay nada que hacer, le entra al trabajo”.

     Cuenta que compran el material –tierra y pintura--, en “San José Ocumicho”, la primera, la segunda se las llevan de “Zirahuén”. “Es tierra blanca”, precisa, ante el testimonio de su sobrina Rosa Aurora Agustín Gil, y de mis familiares, que me han acompañado a pueblear.
     Ningún apoyo
     Cuestionada sobre posibles apoyos por parte de los gobiernos, doña Jova, como cariñosamente le llaman los vecinos, ni tarda ni perezosa responde: “¡Ningún apoyo tenemos! Ninguna dependencia no ayuda. ¡Ninguna! –repite--. Y trae a cuento las campañas políticas, antes de preguntar: “¿Por qué, entonces, vienen prometiendo? Nomás agarran el puesto se olvidan. Y aquí nos quedamos nosotros. Si trabajamos, tenemos para comer. Si no, a nosotros no hay quien nos dé la mano. Y digo yo: Allí están los de Procampo. A ellos sí les dan, y, ¿por qué a nosotros nunca? Y nosotros aquí vivimos de la alfarería” –remata.
     Los artesanos patambenses elaboran comales, ollas, cántaros, cazuelas, juegos para agua,...
Y, al decir de Rosa Aurora, además de los espacios que les ofrecen en La casa de las Artesanías, en Morelia, en la Guatápera, en Uruapan, y en El Museo, en Pátzcuaro, pocas facilidades han recibido de las autoridades, de los 3 niveles de gobierno.
     Reconoce, empero, que el actual ayuntamiento les proporciona transporte, porque ellas suelen acudir, con quienes componen el grupo Patamban, a las distintas exposiciones que se realizan en sitios como San Miguel allende, Guanajuato, Tonalá y Tlaquepaque, en Jalisco, o aquí mismo en distintos puntos del Estado.
     “Vamos y mostramos nuestras artesanías y nuestra gastronomía –cuenta la joven--. Estuvimos en Morelia, y nos fue bien. Tenemos en puerta, eventos en Ajijic, Jalisco. Llevaremos artesanías, música y danzas. Estaremos en Jiquilpan, en Sahuayo y posiblemente en Santiago Tangamandapio”.

Festividades

  Festividades

     Contrariamente a lo que uno imagina, para los católicos y habitantes de esta comunidad, la más grande festividad, durante el año, no es la fiesta en honor de Cristo Rey --instaurada hacia la década de los 40´s--. La fecha más importante es la del 4 de octubre, onomástico de San Francisco. Por esos días, cuenta la enterada dama, se organizan romerías de fieles que acuden de poblados vecinos como: Guarachanillo, Aranza, Tengüecho, Los Lobos, El Sáuz y Paramo. Además participan los habitantes de los 4 barrios del pueblo: San Francisco, Sagrado Corazón, La Morenita y Cristo Rey –que antes era San Martín.

     Lo que sí es verdad, es que los trabajos para la celebración de la fiesta del último domingo de Octubre –Cristo Rey--, comienzan 2 meses antes. La gente, con antelación, inicia la confección de los arreglos y composturas para las calles. Se prepara el aserrín que habrá de utilizarse en los arreglos y, cuando la fecha se aproxima, 3 ó 4 días antes, se consiguen las flores.
Se sabe que, como esta fiesta no hay igual, en la Meseta Puhépecha. Ha rebasado los límites del estado y el país. Desde hace tiempo, no es difícil, ni raro, la presencia de turistas de allende los mares –entre ellos muchos estudiosos de la antropología. Sin faltar, claro, los investigadores de los centros educativos nacionales. El Colegio de Michoacán a la cabeza. Se dice que el origen de estas fiestas, se dio cuando una nieta de Tariácuri, Tzetzángari llamada, decidió radicar en este lugar, con el fin de vivir alejada y a escondidas un amor no aceptado por sus poderos parientes.
     En honor de la Virgen de Guadalupe, también se da vida a un novenario, pero no con la pompa y ribetes de las anteriores. Hay peregrinaciones por las calles, con la imagen de La Guadalupana; y, una vez que esta llega a su capilla, la fiesta termina con la celebración de una misa.

Patamban, lugar de carrizos, tierra de alfareros

Patamban, lugar de carrizos, tierra de alfareros




Patamban, Mpio. de Tangancícuaro, Mich.--   El registro que  se tiene como el año de la fundación de esta comunidad, es el de 1557. La obra fue realizada por el insigne Fray Juan de San Miguel. La Nueva España era gobernada por don Luis de Velasco, padre. Y este, que fue el segundo virrey de las tierras conquistadas por Hernán Cortés, continuó con la política fundacional de don Antonio de Mendoza. Ambos  siguieron las instrucciones de los soberanos hispanos; apoyados por las órdenes mendicantes. Cuyos miembros, al visitar las regiones de los Pueblos de Indios, tuvieron que lidiar con  los problemas que implicaba el tratar de agrupar a quienes se habían dispersado, entre las montañas y hondonadas que cobijan a esta población.

“A cada cabeza de familia –apuntó el investigador Peter Gerhard--  se le asignaba un solar dentro de la sección del nuevo poblado que estaba designado a su Calpulli (barrio) y también un pedazo de tierra cultivable”.
     Existen versiones que aseguran que el nacimiento de este pueblo ocurrió hacia 1064, cuando los mexica iniciaban su peregrinar hacia el sur. Por ese tiempo, el lugar era conocido con el nombre de Patamburapio, Lugar de Carrizos, y estaba habitado, supuestamente,  por los tajhuaros, raza propia de la Meseta y de la región Lacustre. Sin embargo, con el paso del tiempo y la ola expansionista de los Purhépecha, fueron conquistados por las huestes de Tariácuri. Quien venció a los guerreros comandados por Tatemu, en las cercanías de un paraje conocido con el nombre de La Amolada. Designación con la que conoce una piedra en la que el único que se amoló fue Tatemu, según esta leyenda.

  

Cocina tradicional purépecha en Patamban, Michoacán

Gastronomía

     Rosa Aurora, no duda cuando dice que la “comida típica de La Meseta, es el churipo y las corundas. Pero también, sobre todo en estos tiempos de lluvias, preparamos los hongos, en atápacua. Se cocen los hongos. Se prepara mole de olla, sin grasa ni manteca. Se espesa con maíz remojado y molido y crudo. Se les agregan chiles colorados, cilandro y hierbabuena. Sin nada de grasa –subraya--. Además, preparamos quelites, con limón y cebollitas picadas. Estos son platillos muy antiguos, y se sirven con tortillitas hechas a mano”.
     Entonces recordamos, mis hermanos Bladimiro y Carlos, así como el hijo de éste, Javier, que andábamos en ayunas. Era urgente bajar, camino a casa. En Guarachanillo podríamos adquirir queso, crema y hasta fruta, y los podríamos rociar con una buena cerveza.
     

Localizacion

PATAMBAN (PATAMBAM)

la localidad de Patamban (Patambam) está situado en el Municipio de Tangancícuaro (en el Estado de Michoacán de Ocampo). Tiene 3280 habitantes. Patamban (Patambam) está a 2140 metros de altitud.
En la localidad hay 1433 hombres y 1847 mujeres. La relación mujeres/hombres es de 1.289. El ratio de fecundidad de la población femenina es de 2.77 hijos por mujer. El porcentaje de analfabetismo entre los adultos es del 15.73% (11.3% en los hombres y 19.17% en las mujeres) y el grado de escolaridad es de 4.62 (4.97 en hombres y 4.38 en mujeres).

En Patamban (Patambam) el 8.02% de los adultos habla alguna lengua indígena. En la localidad se encuentran 802 viviendas, de las cuales el 0.49% disponen de una computadora.

Patamban, Michoacán: color y aroma fundidos

El sol asoma su rostro matinal entre las montañas, el frío cala los huesos hasta lo más hondo y el camino de terracería hace suponer un viaje difícil...

Nuestra llegada a Patamban coincide con la víspera de la principal festividad del lugar. El bullicio del comercio de diversos productos y el constante ir y venir de las personas que realizan los preparativos para la conmemoración de las fiestas de Cristo Rey, también conocidas como el del último domingo de octubre, denotan la importancia que éstas tienen para los nativos de esa localidad.
En la pequeña plaza del pueblo, poco a poco se dan cita núcleos familiares que portan cajas y cestos donde llevan una gran variedad de piezas de barro de formas, colores y tamaños diferentes, las cuales participarán en el concurso local de alfarería; cada artesano exhibe sus cerámicas para que sean admiradas por propios y extraños, convirtiendo esta muestra artesanal en una cascada de gran colorido con aroma a tierra mojada.
Por su tamaño y belleza sobresalen las inmensas piñas de ollitas engretadas, es decir, vidriadas, que en ocasiones superan los dos metros de altura. Suman en conjunto más de 320 piezas, con un valor de 2 mil pesos, lo cual en realidad representa un costo simbólico, tomando en cuenta que culminar una obra de estas características implica varios meses de labor extenuante.
Al mismo tiempo se desarrolla el concurso infantil de alfarería, con la participación de los futuros ceramistas, herederos de esta actividad ancestral. Los niños “juegan”, con sus diminutas manos, a dar vida al barro; elaboran diferentes figurillas, ollitas, alcancías y silbatos, con lo que se busca estimular el arraigo de las costumbres y tradiciones de un pueblo que se niega a perder su identidad.
La mañana del último domingo de octubre, poco tiempo después de despuntar el sol, la bruma que envuelve a Patamban es testigo del inicio de lo que será un día intenso para sus pobladores. Éstos se dedican a trazar con cal un par de líneas paralelas en el centro de las calles principales, para dar forma a un pasillo de aproximadamente 60 cm de ancho que servirá de marco a la creatividad de los lugareños en la elaboración de complicados tapetes floridos.
El aserrín es la materia prima para la realización de estas singulares alfombras; en su estado natural es usado como un colchón en donde se plasmará una gran variedad de motivos cuyos diseños surgen de la imaginación de cada participante en el momento de su creación o mediante el empleo de moldes con dibujos previamente seleccionados, los cuales, intercalados entre sí, delinean cada figura.
Mediante colorantes como la anilina, el aserrín es sometido a un proceso de teñido, y así se obtienen diversas tonalidades para rellenar cada porción del diseño hasta el ras del molde.
Las flores naturales utilizadas son recolectadas en los campos de la misma región. Resulta asombroso observar la destreza con que manejan los patambenses los pétalos de cempasúchil, bugambilia, margaritas y muchas especies más; en ocasiones, dependiendo del diseño, se colocan flores completas como campanita, arete, ave del paraíso y gladiola; resalta también el uso de semillas y frutas como maíz, trigo, aguacate, entre otras.
Para el mediodía la mayoría de las calles se encuentran tapizadas. En cada casa los moradores sacan arcos de madera adornados con papel de diversos colores, complementados con figurillas de barro que sirven para enmarcar los tapetes recién creados. En otros casos, desde las azoteas penden adornos de variadas formas y matices, que una vez más denotan la creatividad del pueblo purépecha, donde lo mismo se utiliza el papel, la madera o el plástico, en un proceso de mestizaje y modernidad a la vez.
En los costados de cada calle, por donde circularán los visitantes, se esparcen ramas de casuarinas, hasta conformar una alfombra verde que, al paso de las personas, despide un constante aroma a bosque y frescura, cual interminable río desbordado de perfume y colorido.
Llegada la tarde se inicia una procesión religiosa, cuyo recorrido está señalado por los tapetes, sobre los cuales únicamente transita el párroco local, quien porta la figura del Santísimo, y realiza una serie de paradas donde se encuentran colocados los patronos de cada barrio, hasta llegar a la ermita localizada en la cima de uno de los cerros que rodea a Patamban. Desde ese sitio se domina todo el poblado; allí se oficia una ceremonia eclesiástica, para regresar posteriormente a la iglesia, momento en el que termina la procesión. Para entonces han transcurrido varias horas y el manto de la noche hace su aparición con el fin de participar también en la fiesta.
El olor constante de los antojitos mexicanos abre el apetito a todos los presentes. Platillos típicos como corundas, huchepos, churipo, atoles de diferentes sabores y buñuelos dejarán su sabor en el paladar de los visitantes. Ya entrada la noche, los juegos pirotécnicos del castillo, que durante toda la mañana y tarde armaron en el centro de la plaza los encargados de éstos, hacen las delicias de chicos y grandes, para convertirse en un bello espectáculo que clausura esta festividad. Así, Patamban es uno de los lugares de nuestro México desconocido donde color y aroma se funden y despiertan la admiración de los que allí viven y de los que llegan a visitarlo.

SI VAS A PATAMBAN

Saliendo de la ciudad de Zamora tome la carretera federal núm. 16, en dirección este hasta llegar a Tangancícuaro. Una vez allí siga la carretera secundaria hasta Ocumicho, de donde sale un camino de terracería que lo conducirá hasta Patamban, dentro de la sierra del mismo nombre.