Los habitantes de esta población, por tradición, se han dedicado a la siembra de maíz y trigo. Sin embargo, de unos años a la fecha, el agro ha visto crecer sobre sus charandas, suaves y comunales tierras, cultivos como la papa, el brócoli y, sobre todo, el aguacate. Esto lo han sufrido los montes y los bosques. El Cerro Grande –para todo mundo el Cerro de Patamban--, la segunda montaña más alta del Estado, no ha escapado a la ambición de talamontes y aguacateros. Vivas están en nuestros recuerdos, aquellas recuas de bestias cargadas con la madera, que era transportada de manera furtiva, por aquellos caminos reales y callejones pedregosos. Como presentes están aquellos rostros que sin reclamo, ni gesto delator, ni palabra alguna, sin ver hacia punto señalado, sentían la pérdida de su mercancía, cuando eran detenidos por los piquetes de soldados.
Pero, quienes requieren de un trabajo seguro, tienen que buscarlo en Jacona, Tangancícuaro o Zamora. La migración tampoco es desconocida para los vecinos. Por fortuna, no se ha dado en los mismos niveles con se resiente en los pueblos vecinos y el Estado, en general. Es notoria, además, la hermosa costumbre casera que tiene esta gente: no hay vivienda sin jardín ni patio; y sobre estos, son visibles árboles frutales: manzana, pera, ciruela y aguacate. Seguramente para su propio consumo, aunque si les sobra, probablemente lo cambian, cualquier jueves.
De tiempo acá, los tahoneros locales, que elaboran ricos panes, tienen que salir a ofrecer sus productos en las poblaciones vecinas. Lo hacen calle por calle, casa por casa. Como lo han hecho, desde hace muchos años, los alfareros.
Trabajamos diario
Artesanos que heredan el oficio de su padres, como cuenta doña Jovita Gil, una mujer que, desde los 8 años, practica y vive de la alfarería. “Mi papá fue Dolores Gil –dice, de entrada, la mujer, sin levantar la vista, y sin quitar de la pieza de barro, sin coser, que ha empezado a decorar, auxiliada por un pincel muy especial: un trocito de madera, de no más de 8 centímetros de largo, más delgado que un lápiz, en uno de cuyos extremos se adivina algo parecido a un breve pedacito de alambre, en vez de cerdas--. Yo no sé por qué la gente dice que no hay trabajo. Y andan, por ái, los muchachos, nomás de vagos en la calle. Yo les digo: todo más tenemos: “quieren traer dinero y no quieren trabajo. ¡No!, nosotros, todo el tiempo trabajamos.
“Nosotras no fuimos a la escuela. Entonces no había tanta escuela como hay ahora. Por eso no fuimos a la escuela –indica la anciana mujer. Pero aquí, todas trabajamos. Mis sobrinas, Rosa y Guadalupe, que es enfermera, pero cuando viene, si no hay nada que hacer, le entra al trabajo”.
Cuenta que compran el material –tierra y pintura--, en “San José Ocumicho”, la primera, la segunda se las llevan de “Zirahuén”. “Es tierra blanca”, precisa, ante el testimonio de su sobrina Rosa Aurora Agustín Gil, y de mis familiares, que me han acompañado a pueblear.
Ningún apoyo
Cuestionada sobre posibles apoyos por parte de los gobiernos, doña Jova, como cariñosamente le llaman los vecinos, ni tarda ni perezosa responde: “¡Ningún apoyo tenemos! Ninguna dependencia no ayuda. ¡Ninguna! –repite--. Y trae a cuento las campañas políticas, antes de preguntar: “¿Por qué, entonces, vienen prometiendo? Nomás agarran el puesto se olvidan. Y aquí nos quedamos nosotros. Si trabajamos, tenemos para comer. Si no, a nosotros no hay quien nos dé la mano. Y digo yo: Allí están los de Procampo. A ellos sí les dan, y, ¿por qué a nosotros nunca? Y nosotros aquí vivimos de la alfarería” –remata.
Los artesanos patambenses elaboran comales, ollas, cántaros, cazuelas, juegos para agua,...
Y, al decir de Rosa Aurora, además de los espacios que les ofrecen en La casa de las Artesanías, en Morelia, en la Guatápera, en Uruapan, y en El Museo, en Pátzcuaro, pocas facilidades han recibido de las autoridades, de los 3 niveles de gobierno.
Reconoce, empero, que el actual ayuntamiento les proporciona transporte, porque ellas suelen acudir, con quienes componen el grupo Patamban, a las distintas exposiciones que se realizan en sitios como San Miguel allende, Guanajuato, Tonalá y Tlaquepaque, en Jalisco, o aquí mismo en distintos puntos del Estado.
“Vamos y mostramos nuestras artesanías y nuestra gastronomía –cuenta la joven--. Estuvimos en Morelia, y nos fue bien. Tenemos en puerta, eventos en Ajijic, Jalisco. Llevaremos artesanías, música y danzas. Estaremos en Jiquilpan, en Sahuayo y posiblemente en Santiago Tangamandapio”.
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